Plenitud que es regalo

(Martín Gelabert Ballester, en Vida Nueva). Los teólogos, catequistas y predicadores tenemos un problema de lenguaje. Cuando no sabemos conectar con las experiencias y necesidades de las personas, nuestros discursos no acaban de llegar o de interesar. Una palabra tan decisiva para la fe cristiana como salvación dice muy poco a las personas de hoy. Esa es la convicción que ha movido a Felicísimo Martínez a la hora de escribir su último libro: “Solo quisiera encontrar el lenguaje y la expresión adecuada para que el mensaje de la salvación cristiana llegue a interesar a algunas personas que se han desentendido de él. Pero, sobre todo, quisiera descubrir y describir experiencias humanas que permitan adivinar qué quiere significar la salvación cristiana”.

Mi impresión es que ha conseguido su propósito. Su libro La salvación me ha interesado y resultado convincente. Destaco cuatro aspectos. En primer lugar, el diálogo con las modernas propuestas de salvación que promete el transhumanismo, presente en todos los aspectos de la reflexión del autor. Ante la gran pregunta que a todos nos acucia, a saber, si es posible salvarse de la muerte, la medicina, la técnica y la filosofía tienen una sorprendente respuesta positiva. Ya no solo prometen una mejor calidad
de vida y una longevidad considerable, sino que casi llegan a prometer la inmortalidad. Mediante el método conocido como criogénesis, se anuncia que, dentro de poco tiempo, será normal alcanzar los 500 años de vida. Son muchas las preguntas técnicas, éticas y humanas que surgen ante este tipo de propuestas. El P. Felicísimo analiza con lucidez este desafío para la teología.

En segundo lugar, el autor es consciente de que la salvación tiene implicaciones en todos los aspectos y dimensiones de lo humano. Y que solo es salvífica una propuesta que tenga en cuenta todas esas dimensiones, empezando por la corporalidad, sin olvidar los aspectos psíquicos y espirituales, pero también los relacionales, y las profundas dimensiones de la culpa. Estos aspectos tan humanos deben ser integrados en la salvación cristiana. Esta no se reduce a la salvación del alma, o a una insistencia en lo espiritual, que suele presuponer un menosprecio del cuerpo y de la naturaleza. La salvación consta de distintas dimensiones, distintos niveles, que se integran unos en otros y que, por tanto, están íntimamente relacionados. Más aún, el uno es condición de los otros. El nivel físico (o corporal) sostiene a los demás y los hace posibles. Los siguientes niveles (psíquico, espiritual, relacional) reafirman el anterior. El primer nivel se ve afectado si los demás no funcionan bien. El funcionamiento de los siguientes refuerza los anteriores.

En tercer lugar, además de estos aspectos, humanos y cristianos a la vez, la salvación cristiana integra otros que, propiamente, solo pueden ser aceptados desde la fe. Pueden resumirse en esta fórmula del Credo: “Creo en la resurrección de los muertos y la vida del mundo futuro”. Aunque aquí la ciencia, como bien nota el autor, no tenga nada que decir, sí que es posible presentar esta fe de forma que resulte más o menos significativa, no solo para los creyentes, sino también para los no creyentes. Por eso, Felicísimo Martínez se esfuerza en buscar experiencias humanas que ayuden a comprender mejor lo específico y propio de la fe, correlatos humanos que sirvan para atisbar la verdad anunciada por la fe. En línea con lo anterior, aclara una serie de malentendidos que han desfigurado las verdades de la fe, a base de imágenes, términos y fórmulas que hoy ya no dicen nada, o incluso se prestan a ser entendidas de forma contraria a lo que ellas pretendían, buscando actualizar lo positivo que contenían en sí mismas.

Más allá de lo imaginable

En cuarto lugar, la salvación cristiana no puede ser descrita ni, mucho menos, demostrada. Tiene su fundamento en la resurrección de Cristo. Son interesantes los análisis sobre este acontecimiento y sus manifestaciones. También resulta de interés la presentación que el autor hace de los aspectos de futuro (juicio, purgatorio, infierno, cielo) de la salvación cristiana. Una salvación que va mucho más allá de lo imaginable. No hay experiencia humana que pueda expresar la grandeza de lo que Dios prepara para los que le aman. Dicho con palabras del autor: “La salvación integral será la plenitud de todo, de salud física, psíquica y espiritual, de perdón, de gracia, de amor, de vida… Será la plenitud que ni siquiera podemos imaginar, la plenitud que solo Dios conoce”. Plenitud que solo Dios conoce y que, en definitiva, no es conquista humana, sino regalo de Dios.

Estamos ante un excelente libro. Muy recomendable. De fácil y agradable lectura.

Martín Gelabert Ballester, OP

Vida Nueva 3.177 (9 de mayo de 2020), 44.