Presentación del libro Convivir. Gozo y desafío

La transformación del mundo vendrá a través de una fuerza misteriosa y débil. Siempre presente y amenazada. Siempre buscada y siempre dolorosa: el amor. Estas afirmaciones que frecuentemente encontramos en las obras de Sygmunt Bauman, autor  tantas veces citado por Consuelo Junquera en su libro Convivir. Gozo y desafío, que presentamos, ilustran bien su propuesta, su oportunidad y su acierto con la publicación.

Efectivamente, Consuelo, nos acerca a una perspectiva de amor integral. En muchos párrafos, por feliz deformación profesional de la autora y de quien os habla, se lee, sin que expresamente aparezca mencionado, el amor evangélico como síntesis de una propuesta feliz de la existencia cuando ésta convive con libertad.

La cuidada edición de este libro es un acierto notable porque hace de él un compañero de camino para tiempo. No es un libro puntual o circunstancial. Demasiado frecuentes y efímeros. Es un libro contextual. Se habla constantemente de amor, convivencia, libertad y verdad en coherencia con la persona de este momento, la cultura actual, nuestra sociedad y, me atrevo a añadir, nuestras comunidades eclesiales y, por supuesto, las comunidades de vida consagrada. Y la cuidada edición ayuda porque se trata de un itinerario pedagógico lleno de sabiduría y verdad. A las propuestas y afirmaciones, suceden sabrosos interrogantes que facilitan la conexión con la propuesta y, lo que es mejor, las ganas de mejorar.

Se trata de una publicación de madurez de nuestra autora Consuelo Junquera, religiosa del Santo Ángel. Ha conseguido verter en el libro, de manera muy bien articulada, su notable sabiduría, consecuencia de su preparación académica y de su dedicación al acompañamiento psicoterapéutico en los centros educativos de su congregación y también en centros teológicos como la Escuela Regina Apostolorum y el Instituto de Vida Religiosa de Madrid. Se transparenta en sus páginas, también, la riqueza ofrecida y recibida en los innumerables cursos especiales impartidos a tantas personas consagradas y denominados: «Mi vida historia de salvación». El ítem e impulso de los mismos, no es otro que la recuperación de la confianza en la propia vida como lugar de Dios, por tanto, sitio y posibilidad de realización y felicidad.

Si nos fijamos en el contenido de la publicación, enseguida descubrimos que conecta con la realidad actual. La necesidad más expresiva y expresada del ser humano. Las sociedades actuales, articuladas desde el conseguir y el poseer, nos van dejando frecuentemente en los márgenes de la felicidad, porque nos llevan fuera de la relación sana y también de nosotros mismos. La búsqueda de la felicidad, compartida por toda la creación es, sin embargo, un camino no lineal. Los desarrollos están frecuentemente afectados por espejismos de la misma, y así se configuran estilos de vida y de personas, insatisfechas, inhumanas, vacías, llenas de desamor y abiertas a la crítica y el rencor.

Consuelo no huye de las palabras difíciles. Su propuesta es lograr la palabra grave, grande y sin matices, que es el amor y la capacidad de todo ser humano para desarrollarla, disfrutarla y ofrecerla. Para lograr los escalones más altos, hay que enfrentarse con los rincones y oscuridades más ocultas; para acercarnos a la auténtica humanidad, tenemos que poner nombre a tantas faltas de la misma como anteceden a la convivencia o aparecen en la misma, cuando esta no es franca o está distorsionada. La autora utiliza un lenguaje apreciativo, de manera que el lector no se siente ni bloqueado ni fatigado al dialogar consigo mismo en orden a buscar la armonía interior. Las debilidades, cuando son amadas e integradas, se convierten en una fuerza insospechada de transformación.

Me gusta el libro de Consuelo Junquera porque es útil y sobre todo inclusivo. Cuenta con cada persona y cree en ella. Se inscribe, por tanto, en la cultura necesaria frente al descarte, que felizmente está cuidando el papa Francisco. Los mejores proyectos de transformación en nuestro tiempo, se suman también a esta iniciativa. Toda persona es –somos– parte de la solución y parte del problema en la convivencia, porque esta, en buena medida, se convierte en terapéutica cuando es asumida, compartida, verbalizada y acogida.

Esta publicación es un arma imprescindible para desarrollar una tarea a la que hay que dedicar tiempo, con la riqueza que acompaña la sucesión del mismo. Es luminosa porque ordena aquellos filtros que con más claridad distorsionan el convivir y la capacidad libre para amar. Analizar la propia experiencia personal con su infinidad de matices: identidad, memoria, relacionalidad, afectividad, corporeidad; nuestras creencias –a veces distorsionadas o magnificadas–; nuestros valores muchas veces no confesados cuando nos motiva el prestigio o el puro placer o la seguridad o la riqueza; nuestra autopercepción, muchas veces construida desde las opiniones de otros que acríticamente vamos acumulando; la imagen que tenemos del otro… graduando a los demás en superiores o inferiores; Nuestros sentimientos y motivos ocultos; nuestra capacidad intelectual; nuestra sensibilidad y emotividad; nuestras necesidades y, por supuesto, el sentimiento de valía que la otra persona nos despierta…

Convivir, es para nuestra autora, un gozo y un desafío. Se trata del crisol de humanidad más completo y, por ello, el libro concluye en clave de esperanza. Cada persona conserva y guarda para sí un espacio nuevo, virgen y oculto muchas veces, que está llamado a desarrollarse y, al hacerlo, nos proyecta hacia una relación en complementariedad, fecundidad y desarrollo. Cuando nos hacemos conscientes de esa fuerza, nos hacemos también capaces para la libertad y, en consecuencia, para un amor real.

La transformación de la sociedad, y de las comunidades en ella, dependerá de con qué fuerza nos propongamos este desarrollo y trabajo cada persona, de manera que no «se malogre ningún don personal» como afirma la autora. El proceso de transformación tiene un impulso especial de vitalidad y es hacerlo buscando y ofreciendo el bien desde una libertad integrada. La clave de madurez es elegir, optar, no reaccionar. La convivencia se logra precisamente partiendo de esa elección libre que es el clima imprescindible para que pueda darse el amor.

Efectivamente, el mayor desafío de nuestro momento histórico es la convivencia. Herramientas como el libro de Consuelo Junquera nos pueden ayudar para recordarnos que en la conciencia de humanidad reside la mayor capacidad de las personas para descubrir el valor o los valores por los que sí merece la pena luchar. Lo que ocurre, como en tantas instancias, es que los milagros –o las joyas– solo las valoramos cuando nos faltan, las hemos perdido o nos las han robado. Convivir es un gozo y un desafío; es una experiencia de amor y, como él, la felicidad y el dolor han de integrarse en una única experiencia que es crecer como persona.

Luis Alberto Gonzalo Díez, cmf

Director de la Revista Vida Religiosa