Pudimos y debimos hacer más

(José María Segura, en Razón y Fe). Nelson Mandela. Un jugador de damas en Robben Island es un «evangelio sinóptico» sobre Mandela. En este extenso libro el autor recorre el largo camino hacia la libertad de Nelson Mandela y lo hace detalladamente. Es un libro exhaustivo, prolijo, con abundantes referencias al contexto socio-político de Sudáfrica. Sigue muy de cerca los textos más emblemáticos de Madiba, su autobiografía y sus conversaciones consigo mismo.

En ese sentido, para quienes hayan leído las obras de referencia de las que el autor depende, el libro de Fariñas puede que no aporte demasiada novedad. Los conocedores de Mandela habríamos agardecido que el autor hubiese asumido que el lector conoce los clásicos sobre el personaje y hubiese establecido algún diáologo con otros líderes de moviemientos ciudadanos por la conquista de los derechos de poblaciones oprimidas, ya sea de su momento histórico, ya sea de sus predecesores (Martin Luther King, Jr. y Gandhi como referencias más evidentes). Aquí y allí (diseminados en sus más de 650 páginas) el autor nos obsequia con referencias a artículos de prensa y de revistas especializadas sobre África. Algunos de ellos son artículos muy recientes, lo que muestra una investigación exhaustiva por su parte.

Hay algunas líneas transversales a todo el libro y que habría sido interesante ver «discutidas», comentadas o analizadas longitudinalmente: Mandela y el uso de la violencia o el papel de las diversas confesiones cristianas en el mantenimiento o el desafío del apartheid, por ejemplo. Por lo demás se sigue un orden cronológico con «capítulos» que se titulan con nombres de personajes secundarios pero importantes en la vida de Mandela.

El libro es elocuente en la descripción del sistema del apartheid, en el recuento de las masacres, en explicar los desequilibrios perversos, el secuestro de la tierra y el poder por la minoría blanca y el inmovilismo de años de la mayoría negra. La verdad incómoda de fondo del crimen del apartheid «duró hasta que todos nosotros dijimos “ya
es suficiente”» (p. 533), y por «nosotros» Mandela se refiere a los sudafricanos, pero el lector se pregunta por el papel del resto de las potencias mundiales. Es increíble que las primeras elecciones en las que pudo participar la mayoría negra, el 75 % de la población, se celebraran en 1994. El autor nos explica qué hacía mientras el resto del mundo (boicots, restricciones, comunicados, condenas internacionales…). Sin duda, el mundo, nosotros, pudimos y debimos hacer más.

José María Segura, SJ

Razón y Fe 1.439 (mayo-junio de 2019) 367-368.