Una gran reserva de esperanza para nuestro mundo

(Lucía Muñoz Moro, en Razón y Fe). Todo puede cambiar es una buena noticia para el mundo como lo es su autor. Nacido en Roma en 1950, Andrea Riccardi, siendo todavía estudiante, decide acercarse a las personas que lo pasan mal de los barrios alejados y pobres de Roma y hacerles sitio en su vida. Así, nace la Comunidad de Sant’Egidio, hoy presente en más de setenta naciones del mundo, también en España. Massimo Naro, profesor y teólogo de Sicilia, entrevista en este libro a Andrea Riccardi, en una lúcida y fructífera conversación en la se van desgranado las claves del mundo cercano y lejano, y buscando profundizar en las raíces y la evolución de la Comunidad de Sant’Egidio.

Lo primero que nos enamora del libro es la mirada del autor sobre el mundo. Es una mirada que ama el mundo, es una mirada “simpática”, llena de amor y de ganas de entender. Qué bonito es caminar por el mundo con una mirada simpática. El autor nos dice que Dios es simpatía, es compartir y estar cerca.

El buen samaritano, nos dice el autor, vio, se conmovió y se paró. No solo vio, sino que vio y amó conmoviéndose. La comunidad de Sant’Egidio quiere estar al lado de los que lo están pasando mal, los más marginados y los más abandonados. Pero no solo para ayudar sino para crear relaciones de amistad, para crear lazos de fraternidad. Riccardi nos dice que el pobre es la puerta de entrada a Jesús… el pobre es transfigurador. Sin embargo, muchas veces seguimos el camino sin cuidado, sin hacernos cargo de ese hombre medio muerto.

Así, se va dibujando el perfil de Sant’Egidio: como taller de caridad, donde la caridad se hace artesanalmente y también como buscadores y mediadores de la paz: dejando a un lado lo que separa y buscando lo que une. Eso es la paz: sentir que tenemos un futuro en común, dice el autor. Para ello, la comunidad de Sant’Egidio reza sin cesar por la paz, siendo otro de los pilares de la comunidad la oración por el mundo, teniendo presentes a todos y cada uno de los lugares del mundo en los que no hay paz.

Finalmente, el autor nos anima a soñar, a pensar un futuro mejor, a reflexionar sobre aspectos inéditos del mundo global. Hacen falta sueños, los cristianos deberíamos inquietar y hacer soñar, somos una gran reserva de esperanza para muchas situaciones de nuestro mundo. Se trata de ver lo imposible, dice Andrea Riccardi, de ver que algo puede cambiar… ¡Todo puede cambiar!

Lucía Muñoz Moro

Razón y Fe 1.439 (mayo-junio de 2019) 367-368.