Si desarrollamos la ternura en nuestras relaciones, la vida cambiará

(M. R. Sillero, en Nova et Vetera). La Rima VII de Bécquer nos viene en seguida a la memoria al ir entrando en estas páginas de Ternura, pues es lo que la autora expresa al hilo de la lectura de su libro: el despertar a esta capacidad que el ser humano posee y que a veces está tan apagada, a pesar de ser tan necesaria en nuestras relaciones humanas: la ternura, que tal vez esté «esperando la mano de nieve que sepa arrancarla».

Es decir, todas las muestras de ternura que la autora expone y hace descubrir de forma tan sencilla y llana, y que con certeza se hallan en ese rincón de nuestro cuerpo y de nuestra mente esperando salir a la luz.

El despertar de esa somnolencia que nos impide vivir el aquí y ahora; es decir, el estar presentes en todo acto que efectuemos, hará que nuestra atención consiga que la mente se vuelva un instrumento tal que obedezca a nuestra voluntad. La atención y la mente discursiva son antagónicas; sin embargo, lo que sucede es que cada vez que nos centramos en algo, como la respiración, las sensaciones corporales, etc., otras cogniciones callan, por ejemplo, las ideas preconcebidas, los juicios, etc.; con ese acto se logra llegar a niveles más profundos de conciencia, porque la atención no es el fin en sí misma pero ayuda a lograrla. Y si nos decidimos a desarrollar la ternura en nuestras relaciones, la propia vida y la de los que nos rodean, ciertamente cambiará.

M. R. Sillero

Nova et Vetera 87 (enero-junio de 2019) 162-163.