Taizé, una llamada constante a la búsqueda del encuentro con Dios

(Esteban de Vega, en Sinite). Libro muy sencillo y breve este Vidas tocadas por Taizé, como sencillo y breve será este comenta­rio. En él, Cristina Ruiz, periodista, transmite su admiración y su pasión por Taizé, a partir de entrevistas muy vitales realizadas a distintas personas que han vivido o viven una relación muy intensa con Taizé. Y todo ello en el marco de preparación del en­cuentro de Taizé que tuvo lugar en la navidad de 2018 en Madrid, ciu­dad donde vive Cristina. El marco en el que se escribe es el encuentro de Madrid, con toda la ilusión que despertaba en su preparación y con el trabajo enorme que trajo consigo. Pero también se recogen referencias de otros encuentros mundiales, vivi­dos por algunos de los entrevistados, lo cual da idea de que Taizé es mucho más que un lugar concreto de Francia y se está convirtiendo en una corrien­te que encuentra sedes y continuidad en otros muchos lugares del mundo, y que ya ha saltado en varias ocasiones las fronteras de Europa.

Muchas veces se utiliza la expresión «Taizé cambia el corazón de las per­sonas, cambia la vida de los jóvenes, cambia la mirada…». Pero a veces se corrigen en el libro estas expresiones para hacer caer en la cuenta de que, en realidad, no es Taizé lo que hace que las cosas cambien, sino Dios mismo. Taizé es sólo el medio, la po­sibilidad, el lugar donde se produce el milagro, la disposición para el en­cuentro…

Las personas entrevistadas son siete, y entre ellas hay dos Hermanos de Taizé, uno de ellos el H. Alois, suce­sor del H. Roger en la animación de la comunidad de Taizé; dos voluntarios de larga duración; una Hermana de la Congregación de San Andrés; una adulta comprometida con la acogida de inmigrantes y una joven que, a raíz de su participación en Taizé, vive ac­tualmente como postulante en el mo­nasterio de las trinitarias de Suesa, en Cantabria. Cristina, a partir de cada una de estas entrevistas, extrae lo más profundo de su vivencia a la vez que va poniendo el acento en determina­das dimensiones fundamentales de lo que significa Taizé: la importancia de la oración, la atracción de Taizé y la búsqueda de los jóvenes, la sencillez que transmite el estilo de Taizé, la solidaridad, la comunión que se logra y multiplica, el discernimiento que provoca y la evolución vital que trae consigo…

Quien lee el libro, y especialmente si ha tenido la suerte de estar en Tai­zé, como es mi caso, se siente trans­portado a la colina y redescubre en su interior el eco de aquello que se va enunciando y la resonancia real de lo que se transmite. Quizá la palabra que más se repite en el libro, como experiencia fundamental de lo que significa Taizé, es la palabra «confi­anza», que es la virtud a la que invita­ba constantemente el H. Roger; pero también brillan otras actitudes con mucha fuerza: «hospitalidad», «ale­gría», «encuentro»…

A la vez que, a partir de las entrevis­tas se conoce con mayor hondura lo que supone Taizé en la vida de las personas que se han dejado «tocar» en profundidad por este lugar y por todo lo que significa, el libro permite conocer también otros aspectos muy interesantes de su historia, como por ejemplo cómo se realizó la construc­ción de la gran iglesia y las dudas que le ocasionaba al H. Roger la construc­ción de una iglesia tan grande. Sin embargo, y a pesar de esas dudas, el H. Roger tuvo que impulsar que la iglesia se agrandara aún más, porque la afluencia de jóvenes seguía superan­do todas las previsiones; o que ante la tumba del H. Roger rezaron con­juntamente el H. Alois y la madre de la mujer perturbada que asesinó al H. Roger; o el proceso por el que la con­gregación de religiosas de San Andrés se instaló hace ya décadas en Taizé y la labor concreta que realizan desde entonces; o el modo en que se organi­zan y desarrollan los encuentros inter­nacionales; o cómo transcurre la vida de los voluntarios de larga duración; la labor de acogida que realizan los monjes de Taizé con los inmigrantes y refugiados, y su implicación en favor de los más desfavorecidos en distintos lugares del mundo…

En la última parte del libro, a modo de epílogo, se incluye una entrevista más, a una mujer madrileña que tam­bién ha participado en Taizé durante sus años de juventud y que ha pre­tendido vivir en comunidad su vida cotidiana, sin haberlo logrado, pero que ha descubierto la importancia de la oración y la necesidad de culti­varla; por este motivo, esta mujer es una de las responsables de que des­de hace más de veinte años exista en Madrid una oración semanal al estilo de Taizé. Es una buena forma de ter­minar el libro expresando que Tai­zé es mucho más que una anécdota muy interesante en la vida, sino una llamada constante a la búsqueda del encuentro con Dios y la transformación del mundo en una realidad más bella, justa y fraterna.

Esteban de Vega Alonso

Sinite 181 (mayo-agosto de 2019) 403-405.