Testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia y prueba de la santidad de Pablo VI

(I. de la Viuda, en La Ciudad de Dios). En La barca de Pablo Lorenzo Sapienza, sacerdote rogacionista y regente de la Prefectura de la Casa Pontificia y Protonotario apostólico, nos ha querido subrayar el tema de la barca de Pedro, símbolo del aspecto móvil de la Iglesia, que navega sobre las olas de la historia (p. 5) a través de unas cartas inéditas del papa Pablo VI. Somos conscientes de que durante el pontificado de este Papa la barca de la Iglesia tuvo que navegar en contra del viento y en un mar agitado por los enfrentamientos, contestacio­nes, oposiciones, enemistades y persecuciones. Pablo VI sufrió la contesta­ción de minorías contrapuestas entre sí: La constituida por los progresis­tas y de los tradicionalistas, desde siempre opositores suyos (p. 6).

Después de una breve introducción en que habla del contexto históri­co, social, político y religioso en el que le tocó vivir a Pablo VI, nos pre­senta una serie de cartas inéditas con sus manuscritos originales en italia­no y sus respectivas traducciones. En su etapa como Arzobispo de Milán, con el título global de El corazón de un obispo nos presenta, entre otras, dos cartas al Santo Padre, una de agradecimiento como despedida al par­tir para Milán y la otra agradeciéndole el donativo que le ha enviado para construir algunas Iglesia en su archidiócesis.

Seguidamente nos presenta, como Papa, un grupo bastante numeroso de cartas o escritos sobre distin­tos temas describiendo situaciones concretas por los que pasa la Iglesia en los diferentes lugares y en situaciones distintas, teniendo en cuenta los acon­tecimientos y circunstancias sociales, políticas, ideológicas y religiosas. Cada carta o escrito lleva un título que resume la idea o el pensamiento que quiere transmitir, invitando a la fidelidad a la Iglesia Católica y al testimo­nio como fieles cristianos. Cada grupo de cartas está precedido de un títu­lo genérico: Vicario de Cristo (pp. 37-63). En la barca (pp. 65-80). La Iglesia (pp. 81-104). Momentos difíciles (105-204). ¿Nunc dimitis? (pp. 205-258). Ver a Jesús (pp. 259-264). El autor en su último título –Y la nave va (pp. 265-266)–, afirma: «Después de Pablo VI, la barca de Pedro re­tomó su travesía. Vinieron Juan Pablo I, Juan Pablo II, Benedicto XVI y Fran­cisco: el timón de la barca pasa de mano en mano, pero el que dirige sus destinos es Dios» (p. 265).

Nos complace recordar una página de San Agustín que Pablo VI comentó varias veces sobre el Comentario al Salmo 103, IV, 4-5. En este texto transcrito literalmente por el autor, San Agustín invita a la perseverancia con la confianza puesta en Cristo: «Qué convoy naufraga­rá, cuando tiene a Cristo como piloto. Transitarán seguras; que transiten con perseverancia, y llegarán a la meta establecida; serán conducidas a la tierra del descanso» (Sobre el Salmo 103, IV, 5).

La mayor recomendación para leer este libro son las palabras del papa Francisco, que yo las subscribo: «He leído con asombro estas cartas de Pablo VI, que me parecen un humilde y profético testimonio de amor a Cristo y a su Iglesia y una ulterior prueba de la santidad de este papa» (Contraportada).

I. de la Viuda

La Ciudad de Dios 232/2 (abril-junio de 2019) 434.