Un apóstol incansable

(Cristina González Carrasco, en Confer). San Juan de Ávila. Maestro, padre, apóstol, es una biografía breve y, a la vez, muy bien presentada en su contenido, de la figura de San Juan de Ávila. Los títulos de los diferentes capítulos van marcando un camino pedagógico para ir siguiendo los pasos del Maestro de Ávila o el Padre Ávila. Hombre de oración y de vida austera, y de una serenidad que caracterizó toda su vida. Estudia en Alcalá (1520-1526), lugar de la renovación de la filosofía y de la teología con el humanismo renacentista que estimula el Cardenal Cisneros.

Evangelizador, catequista, ayuda para los sacerdotes. San Juan de Ávila, apóstol incansable, fue detenido por la Inquisición: Fue inditado y le obligaron a explicar el sentido que él daba a ciertos chismes de sacristía de los que se le acusaba, «humillación que le hizo más prudente y cuidadosos toda su vida», que encerró en sí un precioso regalo del cielo: una iluminación sobre el Misterio de Jesucristo que, en la soledad de su celda, hizo madurar el «alma de Juan» y que constituirá el secreto de su espiritualidad y de su vida (p. 24).

Todos los escritos de San Juan de Ávila reiterativamente giran en torno a ese tema central, que él lleva metido en el corazón sobre todo desde la fuerte experiencia que tuvo de Cristo en la cárcel de Sevilla; que Cristo y la Iglesia, que Cristo y nosotros, formamos una sola persona mística. Esta fórmula tomista cifra toda su espiritualidad.

«Nos ha levantado a tanta dignidad, que seamos hechos cuerpo con El, una misma persona con El, y que el bien que Él influye lo influya en sus miembros y, para decirlo en una palabra, lo influya en sí mismo, pues cabeza y cuerpo una misma persona son» (cfr Sermón 53, II, 813).

Sevilla, Córdoba, Granada, su misión fue el ser «forjador de hombres». Estuvo rodeado de discípulos que vivían como él: en pobreza apostólica y olvido de sí mismos. Muchos fueron, como él, misioneros itinerantes.

Juan de Ávila pretendía realizar la tan deseada reforma eclesial y se dedicó con un fervor inusitado a poner todos los medios para ello. En los colegios, unos clericales para futuros sacerdotes, otros para jóvenes en general, se iría haciendo dicha reforma.

Durante la Misa de apertura del Sínodo sobre la Nueva Evangelización, celebrada en la Plaza de San Pedro del Vaticano, junto con santa Hidelgarda de Bingen, fueron declarados Doctores de la Iglesia universal el 7 de octubre del 2012.

Cristina González Carrasco, RA

Confer 222 (abril-jinio de 2019) 300-301.