Un camino de «san­tidad juvenil» en nuestros días

(Jesús Rojano Martínez, en Misión Joven). Estamos ante Tengo 15 años y he encontrado a Dios, un libro escrito por una menor de edad, que con 12 años experimentó un encuen­tro personal con Jesús, posteriormente profundizado y madurado en el encuentro con Cristo en la oración y en el acompañamiento de una religiosa.

Lucile llega a la conclusión de que ha de dar testimonio de su encuentro con Jesús y a animar a los adolescentes como ella a hablar con Jesucristo desde el corazón y a buscar en él la respuesta a sus inquietudes.

Llama la atención el tipo de experiencia que la transforma (unos retiros-encuentros de espiri­tualidad concebidos como una experiencia emotiva de choque), que seguramente suscita evidentes reservas críticas desde un punto de vista pedagógico y teológico. Pero la experiencia está ahí y parece contrastada y purificada.

Si relacionamos lo que cuenta Lucile con los ejemplos de adolescentes y jóvenes santos que presenta el papa Francisco en los números 63-84 de Christus vivit encontraremos interesantes semejanzas y diferencias sobre el tipo de experiencia personal de relación con el Dios de Jesús que estamos suscitando y proponiendo en la pastoral juvenil, así como qué caminos de «san­tidad juvenil» descubrimos en nuestros días (en la línea de otra exhortación apostólica recien­te, Gaudete et exsultate).

Jesús Rojano Martínez

Misión Joven 510-511 (julio-agosto de 2019) 110-111.