Un continuo encuentro con la belleza

(Antonio R. Rubio Plo, en Alfa y Omega). Estamos ante una excepcional biografía de Benedicto XVI, resultado de casi 20 años de trabajo, escrita por el teólogo Pablo Blanco Sarto y publicada por ediciones San Pablo.

Tiene una gran profusión de notas bibliográficas con citas de opiniones de todo tipo sobre el Papa emérito. Se nota que el autor ha conocido y vivido en los mismos escenarios, sobre todo alemanes y romanos, que Joseph Ratzinger. En las casi 1.000 páginas de este libro afloran en profundidad las distintas épocas de la existencia de un sacerdote y profesor excepcional, cuyos escritos pueden considerarse al mismo nivel que el de los padres de la Iglesia primitiva, y en mi opinión superan la categoría, aun siendo importante, de doctor de la Iglesia.

Pero nunca debemos perder de vista que el Papa Ratzinger ha sido un pastor sencillo y humilde. Su carácter reservado y reflexivo, algo frecuente entre los intelectuales, es compatible con la amabilidad y la cercanía, y esto ha servido para desarmar a muchos críticos que se empeñaron en calificarle injustamente de panzerkardinal. A Kafka se le atribuye la frase de que quien está abierto a la belleza, nunca envejece. Esto se puede aplicar perfectamente a Benedicto XVI. Cansado, pero no derrotado porque sabe que su fuerza procede del Señor, presentó su renuncia al pontificado para dejar paso a otro Pontífice que prosiguiera las reformas iniciadas por sus antecesores. Sin embargo, todos los últimos Papas, entre ellos Benedicto, siempre han sido conscientes de que la verdadera reforma no es la de las estructuras sino la de la conversión de los corazones.

Esta biografía es la crónica de un continuo encuentro con esa belleza. Todo le lleva a Cristo, al que ciertas teologías habían despojado de su rostro de verdadero Dios y verdadero hombre, porque la catequesis de Ratzinger es, ante todo, cristológica. Quien pone a Cristo en el centro, descubre la belleza de la liturgia, de la teología, de la Escritura, del conocimiento, pero sobre todo de la caridad. Para el Papa emérito, el conocimiento, en especial el teológico, se fundamenta también en la oración y en la escucha. No solo es una cuestión de codos y de bibliotecas. También lo es de sagrarios y de rodillas en los bancos de una iglesia. El hombre espiritual y el hombre de acción se funden en Joseph Ratzinger, pero su acción no es impetuosa. Es suave, como esa brisa con la que Elías pudo percibir el paso de Dios, pero al mismo tiempo decidida como la caridad de Cristo que apremia al cristiano.

Antonio R. Rubio Plo

Alfa y Omega 1.142 (21 de noviembre de 2019) 25.