Una base para el ecumenismo

(Elisabeth Reinhardt, en Anuario de Historia de la Iglesia). El encuadre contemporáneo de esta semblanza de Martín Lutero es el quinto centenario del acto público que desencadenó la reforma protestante: Wittenberg, 31 de octubre 1517. Pero según el enfoque que ha elegido el autor en Lutero no se trata solamente de rememorar algo que pasó hace cinco siglos, sino también de mirar hacia adelante con una intención ecuménica que dé sentido a los esfuerzos historiográficos y bibliográficos.

En este sentido comenta Pedro Langa Aguilar, en el prólogo de este libro, que el ecumenismo lleva, entre otros aspectos, camino de «resituar la compleja personalidad de Martín Lutero dentro de juicios más objetivos» (p. 7). En efecto, esta es la línea en que se desarrolla este estudio, más breve y distinto de la extensa biografía que el mismo autor había publicado ocho años antes: Biografía de Martín Lutero (1483-1546). Como dice el autor en su propia presentación, ahora se trata de «una vita brevis de Lutero, escrita en el contexto de su época y desde la que emerge el hombre de fe, el personaje y la evolución doctrinal a lo largo de su andadura personal al compás de los tiempos y las circunstancias» (p. 15).

El libro está estructurado en 38 capítulos, algunos muy breves. Casi todos están redactados a modo de escenarios donde el lector en cierto modo presencia los hechos narrados y es movido a hacerse un juicio sobre los acontecimientos y actuaciones de los protagonistas. En este sentido es ilustrativo el capítulo 15, titulado «Las 95 tesis sobre las indulgencias (1519)», donde el autor traza con exactitud el contexto académico, política y social, corrigiendo al mismo tiempo algunos errores historiográficos que todavía se difunden; por el mismo motivo incluye el texto literal de las tesis y expone las intenciones de Lutero al respecto. Conforme avanza la trayectoria de su vida, se puede observar el afán de estudio del reformador, especialmente de la Sagrada Escritura y su transmisión vibrante en la predicación. Se puede observar la evolución de su teología que se nutre sobre todo de la Biblia y su interpretación agustiniana. Al hilo de sus propios estudios bíblicos y al presenciar el crecimiento de las prácticas de piedad a modo de indulgencias crece su rechazo de la «justicia de las obras». A la vez se observa su aversión a la teología medieval, a la razón filosófica y a la autoridad eclesiástica, especialmente la romana, que le llevará a críticas cada vez más duras y agresivas. Un capítulo de particular interés es el 31, sobre las revueltas de los campesinos a raíz de una interpretación radical y violenta de las doctrinas luteranas, que el reformador intentó apaciguar con una exhortación a la paz.

La semblanza propiamente termina con el capítulo de la muerte del reformador. Los últimos dos capítulos (37 y 38) no son biográficos. El penúltimo se titula «Hacia un nuevo ecumenismo», que es una propuesta de búsqueda común de la unidad entre católicos y luteranos, resumida en diez puntos que concuerdan básicamente con las formas de ecumenismo que ya se están viviendo. El último capítulo, titulado «Nombres propios relacionados con la vida y obra de Lutero» aporta los datos más importantes de las personas contemporáneas del reformador, que juegan algún papel en su vida.

La obra, en su conjunto, proporciona un conocimiento sólido de la persona y obra de Martín Lutero, así como del contexto histórico, político y religioso de Centroeuropa de la primera mitad del siglo XVI. Al mismo tiempo puede ser una base para el ecumenismo.

Elisabeth Reinhardt (Universidad de Navarra)

Anuario de Historia de la Iglesia 27 (2018) 538-539.