Una carta escrita desde la cotidianidad abierta a la Trascendencia

(Jorge A. Sierra, en Confer). El autor, conocido sacerdote franciscano de Santiago de Compostela, nos regala un nuevo libro de pensamientos y reflexiones, con su estilo característico de diálogo en primera persona con el lector, esta vez con el hilo conductor del Amor. Sus 32 breves capítulos son una carta escrita desde la cotidianidad (desde revisar la agenda a contemplar una huerta} abierta a la Trascendencia. De hecho, se dice poco la palabra “Dios”, pero se le nombra continuamente.

Cada pequeño relato, escrito con una gran dulzura, muestra la sensibi­lidad del autor, especialmente los que se refieren a personas concretas («la mirada de María Luisa»), la naturaleza gallega, el Camino de Santiago y, no­tablemente, Francisco y Clara de Asís. En los fragmentos más claramente franciscanos, Paco Castro recoge la herencia de su fraternidad y la ampIía a toda la Creación, de forma similar, aunque con estilo diverso, a lo que hizo el también franciscano Éloi Leclerc en El sol sale sobre Asís y otros escritos.

No se trata de una obra pensada para leer de corrido. Más bien son reflexiones al vuelo de la vida que conviene degustar con tranquilidad. Todas ellas están precedidas de una cita de algún otro autor o personaje histórico, sin ánimo de buscar referencias, más bien como pórtico. Muchos capítulos están también jalonados de citas e incluso de partes de mensajes recibidos por internet y recogidos por su belleza, no tanto por su verificabilidad, como la «carta de despedida de Dickens a su hijo» (de la que no hemos encontrado referencias fiables) y la «revolución del alma», atribuida a Aristóteles en algunas páginas de las redes pero que, como ya adelanta el propio Paco Castro, no fue escrita por el sabio griego. Para el propósito de la obra es indiferente: una nueva oportuni­dad de resaltar lo bueno, lo bello y lo útil de la vida.

La obra está publicada dentro de la colección «Adentro. Libros para ali­mentar la interioridad», en un formato que facilita la lectura, si exceptua­mos, de vez en cuando y sin frecuencia fija, unos «titulares» que destacan alguna frase del texto pero que se sitúan en medio de un párrafo, inte­rrumpiendo la lectura. En resumen, una obra recomendable por su sencillez, por su mirada limpia y por su interés en acompasar la vida, con toda su densidad, con los ritmos del Dios de los humildes, de los que contemplan al mundo y a la gente como verdaderos hermanos y hermanas.

Jorge A. Sierra

Confer 221 (enero-marzo de 2019) 138-139.