Una obra que contribuye a eliminar prejuicios

En este texto se palpa la obra de Dios. Él es el verdadero protagonista. A lo largo de sus páginas cobra vida el personaje principal del relato: Josemaría Escrivá. El autor nos lo va presentando desde infinidad de perspectivas, como en la buena literatura. Lo conocemos por lo que dice, por lo que hace y por lo que infinidad de testigos dicen de él. Queda así de manifiesto, como dice el título, su cara y su cruz: su debilidad, sus miedos, su inseguridad, y, por encima de todo, su inquebrantable certeza de que su misión es voluntad de Dios. El nombre, curiosamente, lo acuñó espontáneamente un jesuita. Era el director espiritual de san Josemaría y le preguntó: «¿Qué tal va la obra de Dios?». Y el santo, al oírlo, vio al momento que coincidía exactamente con su más profundo sentir: es la Obra de Dios.

Cara y cruz expresa también la progresiva consolidación de la Obra y las dificultades asociadas a los inicios de toda nueva fundación. En el caso del Opus Dei, fueron especialmente duras y continúan hoy. Es una de las instituciones católicas más controvertidas. Desde sus orígenes y a lo largo de toda su historia, ha padecido el rechazo de diversos sectores sociales, políticos y religiosos. Lo sorprendente es la fluctuación en las acusaciones: lo han rechazado por una cosa y por su contraria.

En los años 40, algunos eclesiásticos consideraban una herejía el eje central de su carisma: los laicos están llamados a la santidad en su vida diaria. Por otro lado, su libertad y distancia frente al régimen franquista de la posguerra, que no tenía clara la necesaria autonomía entre la Iglesia y el Estado, lo situaban en una posición muy comprometida: la Obra aún no gozaba de la aprobación pontificia, y el riesgo de disolución era palpable.

En los años 60, el Concilio Vaticano II, que para la mayoría supuso una renovación, para Josemaría fue el esperado refrendo de su carisma y misión. Pero los prejuicios, lejos de cesar, se escoraron hacia el lado opuesto. Ahora lo tildaban de reaccionario y opuesto a la renovación conciliar, cuando sus propuestas no acababan de recibir la aprobación pontificia por «revolucionarias». Así, por ejemplo, su intención de convertir en cooperadores de la Obra, a cristianos y no cristianos, a creyentes y no creyentes. Su certeza y confianza en las mociones de Dios que experimentaba en su interior, le impulsaban hacia adelante sin importarle que le consideraran loco o ingenuo.

Todas estas críticas, como dice el autor, fueron especialmente virulentas en España. Y, sin embargo, su conciencia radical de no ser más que un pobre pecador y su abandono en Dios Padre, que derrama generosamente su gracia, le mantienen alegre en medio de los múltiples padecimientos materiales y morales de su vida. El humor, la audacia de la fe, nacida de la confianza en Dios, y el espíritu de familia serán los distintivos con los que sellará su Obra.

J. M. Cejas es periodista y ha escrito este libro con el rigor y objetividad de las crónicas bien documentadas. Recrea con tal viveza el contexto histórico, que consigue introducir al lector en las diversas escenas «como si presente se hallase». A ello contribuye su estilo ágil, vivo y ameno, propio de los medios de comunicación.

Los testimonios de tantos testigos oculares y la abundante documentación citada en el valioso aparato crítico que acompaña al texto, convierten esta obra en un referente para posteriores publicaciones.

El autor, miembro del Opus Dei, consigue hablar de la pasión de su vida con la necesaria objetividad del cronista. No evita los aspectos de mayor fragilidad de Josemaría, describe las diversas situaciones con ecuanimidad, sin juzgar, al estilo de su fundador. Incide especialmente en la conciencia social del santo en un tiempo de escasa atención de los sacerdotes al cuidado pastoral de los estratos sociales más desfavorecidos.

Como los hechos son contemporáneos y la prosa periodística fluye ágil y amena, el libro, a pesar de su volumen, se lee con toda facilidad y es accesible a todo tipo de lectores. Su letra grande y espaciosa y su cuidada edición, también lo favorecen.

Es un acierto que esta obra póstuma no se haya publicado en una editorial del Opus Dei, de este modo llega a un público más amplio y contribuye a eliminar prejuicios si los hubiera.

María Dolores de Miguel Poyard

Sal Terrae 1.229 (enero de 2018) 83-85