Una valiosa referencia

(Jesús Martínez Gordo, en Vida Nueva). Los diferentes símbolos de la fe o credos fueron de las señales más importantes no solamente de la creatividad de las primeras comunidades cristianas, sino también de la pluralidad en la que se plasma la inagotable revelación del misterio de Dios en Jesús. Desde entonces, es propio de todo pensamiento, organización y comportamiento “católico” cuidar el equilibrio, permanentemente inestable, entre pluralidad y unidad. Y, también, evitar los riesgos que puedan arruinar dicho equilibrio, ya sea por exceso o por defecto. Afortunadamente, contamos en la teología española con magníficas aportaciones que, conscientes de lo que se madura en otras latitudes, nos ayudan a diagnosticar lo que sucede en nuestros confines, sin incurrir, por ello, en lo que se podría denominar “estrabismo” teológico o pastoral: atender únicamente a lo que viene “de fuera” (ya sea el Vaticano, Alemania, Francia o América Latina) y descuidar lo que acontece y se reflexiona en la llamada piel de toro.

Invito a que el lector se adentre en el libro de Emilia Robles BohórquezNuevos ministerios en la Iglesia– con esta clave de lectura, habida cuenta de que tiene en sus manos un texto sobre la ministerialidad laical que, inspirado en la aportación de monseñor Fritz Lobinger y en otras iniciativas latinoamericanas, ofrece –a partir de tales propuestas– un detenido diagnóstico socio-pastoral sobre lo que está sucediendo en la vieja Europa y, particularmente, en la Iglesia española. A este último punto están dedicadas las 130 primeras páginas (“Misión y ministerios. Renovación, reformulación”). Las otras 130 restantes informan de lo que se está madurando en una buena parte de las Iglesias latinoamericanas y, en menor medida, africanas; algo perceptible en los diálogos que la autora mantiene, entre otros, con Víctor Codina, María Luisa Berzosa, Antonio José Almeida y el propio Lobinger. La aportación de este último sobre la ministerialidad y la doble modalidad de presbíteros (“diocesanos” y “de la comunidad”), a la que el papa Francisco ha prestado particular atención, vertebra de principio a fin este libro. A tales entrevistas hay que sumar las experiencias de ministerialidad en Chiapas (México), Brasil y Ecuador en el tiempo de monseñor Leónidas Proaño.

Es probable que algún lector, partidario de un tratamiento más sistemático, eche de menos un estudio crítico de la eclesiología del Vaticano II cuando en la constitución dogmática sobre la Iglesia se reserva la gobernanza al ministerio ordenado y entiende –a diferencia de lo que sucede con la santificación y la evangelización– que el laico solo puede intervenir en la cura pastoral por “colaboración” con dicho ministerio ordenado, no siendo suficiente su participación, gracias al bautismo, en la realeza de Cristo. No se alcanza a ver por qué dicha participación bautismal en la triple función de Cristo –como Sacerdote, Maestro y Rey– habilita para anunciar y santificar, pero no para “gobernar”.

También es probable que extrañe un estudio crítico y empático de las experiencias que sobre la ministerialidad se vienen desplegando, desde hace décadas, en Europa o sobre las lúcidas y valientes aportaciones de monseñor Albert Rouet al respecto, siendo arzobispo de Poitiers (Francia), o sobre las decisiones que se vienen adoptando al respecto en el norte de Italia, en Alemania y Suiza.

De Pablo VI a Juan Pablo II

Y, sin ánimo de agotar esta poliédrica cuestión, habrá quien también eche de menos la historia –llena de creatividad y desencuentros– entre la ministerialidad activada por Pablo VI con la carta apostólica en forma de ‘motu proprio’ Ministeria quaedam (1972) y la lectura involutiva propiciada por Juan Pablo II con la declaración interdicasterial Sobre algunas cuestiones acerca de la colaboración de los fieles laicos en el sagrado ministerio de los sacerdotes (1997).

Pero, regresando al libro de Emilia Robles, no se puede descuidar que –como prologa el obispo emérito de Palencia, Nicolás Castellanos– es un texto “oportuno” en vísperas del Sínodo Panamazónico. Quien pretenda conocer algunas de las claves eclesiales y ministeriales que –en sintonía con el papa Francisco– están presentes en este encuentro y la forma de gobierno eclesial que se va a activar, tiene ante sí una valiosa referencia. Es de esperar que, una vez celebrada dicha asamblea, asistamos a un efecto dominó en el resto de las diócesis que conforman la Iglesia universal.

Cada día tiene su afán. Y cada libro, su finalidad. El presente texto rema a favor de lo que está en juego en el Sínodo para la Amazonía y, críticamente, sobre las inhibiciones y bloqueos que atenazan a muchas Iglesias europeas, incluida la española. Por eso, se agradece su lectura.

Jesús Martínez Gordo

Vida Nueva 3.148 (12 de octubre de 2019) 42.