Una vida religiosa comprometida hasta las últimas consecuencias con un pueblo oprimido y engañado

(Jorge A. Sierra, en Confer). El asesinato y, sobre todo, las causas del para muchos maritrio de la comunidad jesuita de San Salvador, encabezada por el vizcaíno Ignacio Ellacuría sigue siendo un momento histórico de gran relevancia. Es un caso sin resolver, que invoca instancias de justicia universal y nos descubre una vida religiosa comprometida hasta las últimas consecuencias con un pueblo, el salvadoreño, oprimido y engañado. El volumen actual se une a esta necesaria recuperación y lo hace con lo que podríamos llamar una biografía intelectual de Ellacuría, escrita por un especialista italiano en su filosofía y publicada por San Pablo en su colección «Testigos».

Como otras obras de su género, la primera parte traza el perfil biográfico de Ellacuría, con especial énfasis en su formación jesuítica, la influencia de Karl Rahner y, sobre todo, de Xabier Zubiri del que se convirtió no solo en discípulo sino también en su colaborador. Al no poder separar su pensamiento de su compromiso político y social, en esta parte se trata también la paulatina inculturación en El Salvador y el impulso, como rector, de la Universidad Católica de El Salvador.

En la segunda parte se trata la filosofía de Ellacuría, heredada de Zubiri. En ella se trazan los elementos básicos de su esencia e identidad, con un espacio especialmente dedicado al carácter de apertura que «hace de la realidad humana una realidad intrínsecamente histórica». No es un añadido, sino parte de su esencia, con una consecuencia clara: al ser la raíz de la historia la libertad, una vida comprometida debe buscar esa libertad para sí y para los demás. Es un punto fundamental de referencia que hace que la interpretación de lo histórico lleve a una nueva dinámica de re-ligación entre el Hombre y Dios.

Como en los estudios religiosos, la filosofía abre la puerta para la teología, a la que se dedica la tercera parte. En Ellacuría se trata, como es natural conociendo su recorrido e influencias, de una teología radicalmente encarnada e histórica, con un método que busca la salvación aquí y ahora para los pueblos latinoamericanos oprimidos. Destaca el estudio de una de las obras fundamentales del protagonista de la obra, El pueblo crucificado. Ensayo de soteriología histórica (1977) en la que se presenta la salvación como se ha revelado en la vida y obra de Jesús, pero como historia única en la que participa decisivamente la humanidad crucificada. Así se otorga un sentido a la crucifixión que es anuncio definitivo de salvación. El logos deja de ser una categoría teológica para convertirse en una persona en concreto, histórica y palpable desde la praxis liberadora del pueblo que más lo necesita. Sin oponerse a la dogmática y cristología tradicional, Ellacuría busca completar el discurso teológico buscando una «palabra encarnada, viva y actual para el presente».

Este pensamiento, naturalmente, tiene consecuencias claras. En primer lugar para la propia Iglesia, que debe repensar su eclesiología desde la base (aspecto trabajado de forma somera en la obra que nos ocupa) y, en segundo y todavía más importante, para la propia sociedad. Por eso la tercera parte se dedica al compromiso político de Ellacuría (podríamos desde que acompañado por su comunidad y el propio pueblo salvadoreño, con los que compartió martirio), no tanto un complemento para su filosofía como una necesidad. La universidad es aquí un agente imprescindible de pensamiento y acción, que se concreta incluso en la reforma agraria que tantos quebraderos de cabeza dio en la década de 1980 a humildes y poderosos. La praxis política de Ellacuría es radical, pero no por razones ideológicas, sino desde la lectura de un Evangelio que sigue recordando que los ricos no pueden entrar en el Reino. Un «lúcido realismo», en palabras del autor, que «engloba pragmatismo y principios al servicio de las mayorías populares».

Dos partes completan el estudio: una breve descripción de la recepción intelectual del pensamiento de Ellacuría y una conclusión, verdadero resumen de lo expuesto. Pero aún queda un cuarto de páginas que son un verdadero tesoro: una recopilación de algunos de los textos fundamentales de Ellacuría y que remiten a la reflexión anterior. El autor del libro quiere dar voz al propio jesuita, sin mayor aparato crítico que el que ya se ha expuesto. Todos los textos están tomados del volumen Conversión de la Iglesia al Reino de Dios (1984), que se encuentra con dificultad fuera de las bibliotecas.

En resumen, una biografía intelectual profunda que sin un número excesivo de páginas expone las claves y actualidad del pensamiento de Ellacuría –quizás aún por conocer y poner en práctica–. Permite un acceso somero a la vida del filósofo y teólogo y, sobre todo, da voz a sus causas, sin academicismos innecesarios, conformando un volumen útil para tener un conocimiento claro de su pensamiento y las consecuencias del mismo.

Jorge A. Sierra

Confer 224 (octubre-diciembre de 2019) 620-622.