Ver con los ojos del otro, escuchar con sus oídos, sentir con su corazón

(M. Fernández, en La Ciudad de Dios). José Carlos Bermejo desarrolla en este libro uno de los temas más ca­racterísticos del Centro de Humanización de la Salud: la atención pastoral al enfermo. El autor explica con claridad en qué consiste la relación pasto­ral de ayuda, quién y cómo debe ser el agente de pastoral, cuáles son las actitudes necesarias para una adecuada relación pastoral de ayuda, cuáles son las fases de esta relación y cómo se plantea la relación cuando surgen conflictos éticos.

Relación pastoral de ayuda al enfermo ya vio la luz en 1993; seguro que debido a su éxito se vuelve a publicar, queriendo facilitarnos el encuentro con el enfer­mo, centrándose en el arte de comunicarse con él, estudiando los elemen­tos que están en juego: el agente pastoral, la persona ayudada, su situación, recursos que pueden ponerse en práctica.

Mediante la comunicación por medio del diálogo, es como el agente de pastoral hace su ayuda, el diálogo facilita la liberación, el crecimiento per­sonal y espiritual, entran en comunicación dos seres, que ejercen un movi­miento de apertura al otro manifestándose lo mejor de cada uno de los interlocutores. La fe es esa capacidad de participar, de darse al otro con confianza; en esta acción pastoral de darse a sí mismo y del propio amor a los otros, se revela la relación interpersonal, la gracia y el amor de Dios.

El agente de pastoral, gracias a su actitud benévola, a la confianza que inspira, mueve al consultante a exponer los elementos de su enfermedad, que no escapan totalmente a su conciencia, pero que de otro modo no se hubiera atrevido a exponer. Para favorecer la vida de gracia del enfermo el agente de pastoral debe comenzar por sí mismo, por experimentar tierna­mente el amor misericordioso de Dios. El objetivo es ayudar a sostener al enfermo en los momentos de crisis, ayudándole a salir de la angustia, a vivirla en clave de relación, o a superar la culpa para conducirlo a su pro­pia realización personal. Otra tarea que a nuestro autor le parece esencial es integrar lo negativo, es decir, aquellos aspectos de la persona como son las propias debilidades, áreas inmaduras, traumas que llevamos dentro, así como la pura instintividad.

Para comprender a la otra persona es necesario, más que afecto o ca­lor humano, la empatía a modo de penetración en el corazón, en sus sufri­mientos y dolores. Es ver con los ojos del otro, escuchar con sus oídos, sentir con su corazón. Esta empatía, fruto del amor generoso y espiritual lleva a un conocimiento íntimo de la otra persona, es fundamental la acti­tud para la relación de ayuda, la consideración positiva del enfermo, acep­tando sin condiciones todo su presente. Esta aceptación incondicional del enfermo no es más que la caridad cristiana infundida en nuestros corazones por el Espíritu Santo. Ayudando al otro podemos hacer nacer en él las experiencias del amor de Dios, ayudarle a descubrir el sentido de su iden­tidad profunda y de su paz interior. Se trata de captar la dimensión sagra­da de la persona, entrar en su mundo interior e identificar los aspectos relevantes que dan o pueden dar sentido a su vida.

M. Fernández

La Ciudad de Dios 232/3 (2019) 671-672.